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SEMBLANZA

SEMBLANZA SOBRE EL INGENIERO JAIME FRANCISCO RANGEL BANDÍN
(por M.I. Jorge Alberto Pérez González)

En la antigua Roma, la Roma imperial, los soldados de las legiones del César que habían sido licenciados o retirados con honores, recibían el nombramiento de Emeritus, palabra que en su raíz, emerere, denota el merecimiento de haberse hecho acreedores a un status y a una recompensa por haber concluido cabalmente y con lealtad, su servicio al imperio y a su emperador. Era frecuente también el otorgamiento, a estos legionarios eméritos, de grandes concesiones de tierra expropiada en los países conquistados, tal es el caso, por ejemplo, de la hoy ciudad capital de la provincia española de Extremadura, que en su momento fue llamada Colonia Augusta Emérita, y que posteriormente derivaría hacia su actual nombre: Mérida. 

Hoy en día, la acepción de la palabra Emérito ha cambiado, para fortuna nuestra, haciéndose extensiva a otros ámbitos de la actividad humana, tales como la docencia o la eclesiástica, o incluso a la dirección orquestal, y no ya únicamente a la militar. Sin embargo, su esencia sigue permaneciendo: el reconocimiento público hacia aquellos que han servido en grado superlativo a la institución que les otorga el título.

Tal es el caso de uno de los más eminentes profesores de nuestro claustro en la Facultad de Ingeniería, el Sr. Ing. Jaime Francisco Rangel Bandín. Un hombre cuya indiscutible vocación por la docencia, lo ha llevado a ser parte de la formación profesional de las cincuenta generaciones de ingenieros mecánicos electricistas que han transitado por nuestras aulas, amén también de haber formado profesionales de otras disciplinas, y de otras Facultades de esta universidad.

La enseñanza de los estudios profesionales en ingeniería en nuestra ciudad tiene una añeja tradición de casi 150 años, que se remonta a los primeros años de vida del Instituto Científico y Literario cuando se crean, entre otras, las carreras de Ingeniero de Minas, Ingeniero Topógrafo, Ingeniero Geógrafo, Ensayador, Apartador y Beneficiador. Después del impasse provocado por el movimiento social de la Revolución Mexicana, la entonces Escuela de Ingeniería reinicia sus actividades en lo que hoy se conoce como Patio de la Autonomía de nuestro hermoso edificio de Rectoría, pero pronto el espacio destinado para ello habría de ser insuficiente; por gestiones del entonces Rector, Dr. Jesús Noyola, ante el gobernador del Estado don Francisco Martínez de la Vega, se pudo obtener en donativo esa joya de la arquitectura virreinal que significa el magnífico edificio de la otrora Caja Real para albergar las instalaciones de la escuela de ingeniería. Es allí adonde llegaría, en el año de 1961, el año en que por primera vez esos muros centenarios serían mudos testigos de la enseñanza de los más recónditos misterios de las ciencias físicas y de las matemáticas, de los intríngulis que encierran las leyes de la termodinámica y de la magia de la electricidad, el joven estudiante Jaime Francisco con la ilusión de poder ver cristalizado su mas caro anhelo, convertirse en un profesional de la ingeniería; porque él nunca lo dudó, nunca tuvo la intención de estudiar otra carrera que no fuera esta.

Nacido diecisiete años atrás, un 13 de agosto de 1944, ya desde pequeño manifestaba un gran interés por el funcionamiento de los objetos que se utilizaban en su entorno familiar, de los mecanismos y artilugios que lo rodeaban, para él siempre fue importante saber de dónde surgían las cosas y cómo era posible su permanencia. Su formación primaria la realizó en el Instituto Potosino y en el Colegio Niños Héroes, y en el año de 1956, a la edad de 11 años, ingresaría por primera vez, iniciando su educación secundaria, a las aulas de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, para ya nunca más abandonarlas. Ese es y ha sido su mayor orgullo, llamarse universitario desde siempre.

La enorme paciencia que posee, su comprensión y altruismo, y la necesidad de entregarse y compartir sus conocimientos, llevaron al Ing. Rangel Bandín a iniciar muy temprano en su vida su vocación por la docencia, pues apenas iniciaba el tercer año de su formación profesional cuando, debido a la escasez de profesores calificados en el entonces incipiente cuerpo académico de la escuela de ingeniería, fue menester su colaboración en la impartición de cursos a quienes en esos momentos ingresaban a ella por primera vez. El Ing. Rangel Bandín recuerda con especial agrado y simpatía ese primer curso de Topografía que impartió, hace casi cincuenta años, y cómo tuvo que sobreponerse al sentimiento de abrumo que inicialmente lo embargó, por tener la enorme responsabilidad de impartir cátedra en la Universidad, y el orgullo de hacerlo en la misma que lo estaba formando.

Se respiraba entonces en aquellos pasillos y en esos improvisados salones de clase, mucho mas que ahora, un cálido ambiente de cordial camaradería entre los discípulos y sus profesores. Uno de sus compañeros, el Ing. Carlos Arriaga, recuerda al joven Jaime Francisco en sus años de estudiante, como otros muchos, como alguien al que recurrían constantemente en busca de ayuda, siempre sabía en donde encontrar la información que se requería para la resolución de los problemas técnicos que se les presentaban, “parecía”, dice el Ing. Arriaga, “como si supiera de memoria dónde tenía archivada la información requerida en su enorme acervo bibliográfico”.

Alguna vez John Ruskin escribió que educar a un joven es hacer de él alguien que no existía. Coincidentemente, años después, un eminente ingeniero húngaro, el profesor Teodoro Von Karman, diría que la labor de un ingeniero es crear lo que nunca ha existido. Esta labor de crear y dar vida a la naturaleza inexistente de objetos inanimados capaces de resolver problemas, o a la de seres humanos, seres de carne y hueso, a través de su educación, la ha sabido conjugar de manera magistral el Ing. Rangel Bandín, quien puede jactarse de haber tenido mas de 6 mil estudiantes que han transitado por su cátedra, pero que además, ha tenido un destacado desarrollo profesional en la industria, ya que desde el año de 1970 y hasta la fecha, ha ocupado importantes cargos técnicos en su otra gran casa de trabajo, la Compañía Industrial Minera México, inicialmente como Supervisor Mecánico, Supervisor de Construcción y Supervisor Eléctrico, pasando por las jefaturas de los departamentos Eléctrico, de Combustión Interna, Planta de Fuerza y Mantenimiento Mecánico, y actualmente como Superintendente General de Ingeniería y Mantenimiento.

Ese año de 1970, el Ing. Rangel Bandín iniciaría también una importante labor dentro de la hoy Facultad de Ingeniería como miembro de su Consejo Técnico Consultivo, labor que habría de prolongarse de manera ininterrumpida por cuarenta años, contribuyendo a través de sus importantes aportaciones al impulso de la actividad académica, de la investigación científica y del desarrollo tecnológico de la Facultad, así como en la conformación de su actual estructura organizativa.

Por su entrega generosa a su cátedra y en general al quehacer universitario, por todos estos años de vida docente y de servicio comprometido a nuestra institución, la incansable labor del Ing. Rangel Bandín pudo haber sido la fuente inspiradora de las palabras de Gabriela Mistral: “Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo su atrio pobre, su sala desnuda. Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más horas que las columnas y el oro de las escuelas ricas”.

Sr. Ing. Jaime Francisco Rangel Bandín, su honestidad, su estatura moral y su elevado nivel académico, son reconocidos no solo por sus compañeros docentes, sino por sus alumnos de la Facultad de Ingeniería. Me honra ser el portavoz de todos nuestros compañeros para expresarle nuestra más absoluta admiración, pero sobre todo, nuestra más sincera gratitud, porque gracias a personas de su valía y entrega, hoy por hoy, a todos nos enorgullece contar con una de las mejores instituciones de educación superior, como lo es nuestra querida Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Muchas gracias, y muchas felicidades por este reconocimiento.


 

 

 

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